Poski

Busco Trabajo

¿Qué estoy buscando?


En el último año me despidieron dos veces de puestos como ingeniero de QA, primero en Oracle y después en C3.ai. Ambas experiencias me dejaron aprendizajes importantes.

Confirmé que me apasiona aprender sobre tecnología y entender sistemas complejos. Pero también entendí algo incómodo. En la industria de empresas de tecnología, los trabajadores operan como recursos intercambiables. Somos operadores de software altamente reemplazables. Entendí que cualquier persona con un poco de entrenamiento técnico puede hacer exactamente el mismo trabajo que yo. El trabajo humano se gestiona con una lógica similar a la de los recursos productivos: se optimiza, se ajusta y se reemplaza según las necesidades del negocio. Cuando el negocio se expande, se contrata; y cuando se contrae, se despide. No es nada personal, es estructural.

Esa realidad me llevó durante un tiempo a adoptar una mentalidad defensiva. Me convencí de que si yo no representaba algo significativo para la empresa, entonces la empresa tampoco debía representar algo significativo para mí. Si el vínculo es transaccional por un lado, también lo es por el otro.

Pensaba que lo más racional era extraer el mayor beneficio individual posible —aprendizaje, salario, experiencia— sin involucrarme emocionalmente ni cuestionar el impacto real de lo que hacía. Dejé de preguntarme si el producto mejoraba la vida de alguien, si el proyecto tenía sentido más allá de su rentabilidad o si mi contribución aportaba algo valioso en términos humanos.

Esto me llevo a infravalorar mi propio trabajo. Me convencí de que mi presencia era irrelevante, que mi desempeño no alteraba en lo más mínimo el destino de la organización. Pensaba que si yo estaba o no estaba, el sistema seguiría funcionando exactamente igual. Esforzarme al máximo o hacer lo mínimo produce el mismo resultado.

Vi compañeros extraordinariamente comprometidos, trabajando horas extra, asumiendo responsabilidades adicionales, cuidando cada detalle. Y vi también perfiles más pasivos, limitándose a lo que se les pedía, trabajando lo menos posible. Cuando llegaron los recortes, ambos tipos fueron tratados bajo la misma lógica organizacional. Eso reforzó mi creencia de que el esfuerzo individual no necesariamente se traduce en seguridad, reconocimiento o permanencia.

Pero esa postura terminó revelándome algo más: que no quiero ser un operador reemplazable más de esta industria. Que trabajar en algo que no me importa inevitablemente me vacía y me vuelve miserable. Que es triste vivir la vida dedicándole mi finito tiempo a proyectos que no resuenan conmigo y que para mí no tienen razón de ser.

Soy consciente de que he tenido el privilegio de no vivir en condiciones de verdadera escasez económica. Nunca he tenido que elegir entre pagar una renta o comer. Reconozco que mi realidad condiciona mi forma de pensar y me permite hacerme preguntas que quizá no son importantes para todos.

Entiendo que el dinero y la estabilidad son importantes. No quiero ignorar la importancia de la seguridad financiera. Sin embargo, también pienso que la comodidad económica, por sí sola, no garantiza una vida plena. Sospecho que, incluso en escenarios de menor comodidad, una vida alineada con el propio sentido puede ser más digna y satisfactoria que una vida cómoda pero interiormente vacía. Y estoy convencido de que, en cualquier nivel económico, se pueden encontrar tanto personas plenas y alineadas con su sentido como personas cómodas pero interiormente vacías.

Hoy busco integrarme a una organización cuyo impacto esté alineado con mis valores. No busco simplemente un empleo. Busco pertenencia, propósito y coherencia entre lo que hago cada día y lo que creo importante.